Atemporal como el aroma del café…

Pensando en todo y en nada, de repente me vino a la cabeza esta frase. Me encanta el café aunque su sabor me sigue sabiendo indescifrable a tal punto que no se si realmente me gusta tanto como creo, sin embargo su AROMA es algo que disfruto siempre igual y a cualquier hora del día así como el ritual alrededor de una taza de él.

Estando muy en mis 20’s el tema de la edad era algo inquietante y por eso con cada año sumado yo decidía restar dos. Ahora viéndolo en retrospectiva pienso lo ridículo que era este sentimiento viniendo de alguien a esa edad. Pero era real, me pasaba, me aterraba “envejecer”.

Un día, cuando ya no podía seguir estando en desacuerdo con la edad que dictaba mi cédula porque de hecho ni yo me acordaba cuantos años menos llevaba mi cuenta, decidí quitarme ese peso de encima y ser sincera (con aquellos que preguntaban), porque a la larga yo siempre me he sentido más joven de lo que dice mi partida de nacimiento.

Supe entonces que ya no valía la pena ponerle tanto valor a sustantivos tales como “juventud” y “belleza”, dejar esa lucha imaginaria (y por demás perdida ya de entrada) y entender que seguir vigente tras el paso del tiempo es simplemente una cuestión con uno mismo, esa es la única batalla que se debe pelear. Sentirme bien con mi historia sin importar el reflejo físico que el espejo muestre es liberador. Este objeto es altamente sincero y puede convertirse en un enemigo poco piadoso si la mente no esta bien estructurada y el cerebro nutrido con algo de materia gris.

“Con esto no estoy dando razones al descuido personal. Creo fervientemente que el amor propio incluye a su ves el cuidado exterior, SIEMPRE Y SIN EXCUSAS”.

Hoy agradezco cada “metida de pata”, cada elección, cada decisión, (hacer y no hacer caso), cada cambio de rumbo, cada “stop”, cada reversa y cada avance. Es con ellos que se ha desarrollado mi paso por este tiempo del cual me siento totalmente a gusto, me siento al día (cero deudas) conmigo misma. Las victorias y los fracasos los puedo celebrar a cabalidad porque han sido y serán siempre de mi propia autoría.

El aroma del café es único, siempre cae bien, es irrepetible, permanece, no compite, a todos (o a su mayoría) encanta o por lo menos no les molesta, por eso no tiene tiempo. El sabor es diferente, cada quien lo acomoda a su gusto propio, se hace mas suave o más intenso según el consumidor, se endulza o es amargo, se acomoda y pasa. Hay personas que lo aman, que lo necesitan o que simplemente no les gusta y aunque uno no exista sin el otro, (porque son UNO), cada cuál es diferente y tiene su misión.

Lo que vemos pero que a la larga no nos define, es nuestro físico, es ese mapa en nuestro cuerpo que nos indica el tiempo que llevamos caminando por nuestra historia, es lo que envejece y que al final de todo MENOS DEBERÍA IMPORTAR, (porque no tiene cura). Es el sabor que cada uno pone, quita o modifica según gustos, (propios o aprendidos).

En cambio hay algo que no se ve pero que siempre nos va a definir, eso que hacemos con nuestra vida para sentirnos cómodos, a gusto, orgullosos y satisfechos con ella, es eso que esta en nuestra esencia y que edificamos partiendo de esa base. Es lo que hará que nos recuerden cuando nos hayamos ido, lo que hace, no solo poco (o nada) relevante el hecho de “envejecer” (como verbo), sino que por el contrario lo disfrutamos y transformamos en algo MARAVILLOSAMENTE INCREÍBLE. Es ahí donde cobra vida el significado de lo atemporal

Hoy tengo 43 años, así lo dice mi documento, así de relajado y fácil aprendí a responder y así mismo a disfrutar.

Cuando me miro al espejo amo lo que refleja pero más allá de una imagen me tranquiliza lo que veo en modo retrovisor, me da paz ver el resultado en positivo, en ganancia, no en menos, ni siquiera al debe. Me siento y estoy orgullosamente a paz y salvo (al día de hoy), con mi propia existencia…

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